Postales en la celda (No hay más que una)

No hay más que una. Supongo que se dice de todas las madres. En mi caso, como en el de las otras madres, creo que con más motivo. Nadie como ella. Nadie.

Vivió una guerra siendo una chiquilla, junto a sus muñecas de trapo en el refugio del metro o si no daba tiempo, bajo el colchón que su madre colocaba sobre la mesa del comedor. Hecha una adolescente, Juanita trabajaba vendiendo especias en una hermosa tienda barcelonesa. Allí aprendió el oficio de estar tras un mostrador. Y detrás de un mostrador murió, sesenta años después. Le cautivó el aroma del clavo, y el origen exótico de aquellos productos tan especiales en envases casi de joya. Siempre habló con admiración de la Señora Casulá, su primera jefa y tutora en el arte de vender, entre otros.

El gran amor de su vida fue Manuel, mi padre. Un hombre que jamás pudo ser su marido. Con 40 años cumplidos y el último tren a punto de partir, decidió una noche frente al mar traer al mundo a alguien que ahora escribe, admirado por su valentía de madre soltera en los 60.

Dos años antes de un alumbramiento que siempre calificó de tranquilo y feliz, apostó fuerte en una subasta por conseguir una tienda en el Castillo de Montjuic. Y lo consiguió. Manuel Ortega solamente le recomendó cómo actuar y, tras mucho pedirlo Juana, accedió a reconocerme y cambiar los apellidos que aparecían en mi partida de nacimiento por los que ahora tengo. Los de ambos.

Nunca nadie le regaló nada. Desde su juventud, nunca nadie la mantuvo. Al revés. Cargó con todos. Toda su vida desde entonces discurrió en una tienda, pero antigua celda. Bien iluminada, puesta con excelente gusto, y repleta de llaveros, banderines, apliques, carteles de toros, bolígrafos con vistas, banderillas, y, por supuesto… postales. Miles de postales.

No dejo de pensar en la enorme paradoja de no salir de una celda y que todos los días miráramos juntos los más hermosos paisajes al recolocar las postales que habían dejado en los casilleros equivocados los turistas que se llevaban a todos los rincones del mundo lo que les vendíamos por algunas pesetas, cuando no nos sisaban.

Cada noche, cansada tras jornadas de doce y trece horas sin un solo día de fiesta, llegaba cargada con un cesto en el que llevaba y traía la comida de ambos, harta tras otras dos horas de buscar aparcamiento cerca de casa.

Caía rendida en su sofá, dispuesta a quedarse dormida viendo algo en la televisión. Su único momento de distracción. Veíamos juntos alguna película, aunque solamente estaba permitido hablar en los anuncios.

Con el fondo del sonido de la tele dictaba doctrina. “No te fíes de los bancos” fue la lección más repetida. “Eres demasiado blando y te van a tomar el pelo” fue la segunda. El tiempo siempre da la razón a las madres. Por algo será.

Mamá… no podré darte las vacaciones en Italia que siempre me pediste, pero sí un nieto precioso y lo que aprendí de ti: mi lucha constante para que a él no le falte de nada. Y lo haré como tú hiciste: sin esperar nada de la otra parte. No soy quién para pedir que los demás sean como tú.

Mi lucha agotadora, en estos tiempos difíciles y complicados, va por ti. Trataré de honrarte como no fui capaz de hacerlo en vida.

10 Comments

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Sonia
mayo 05, 2013 at 10:05 PM

Bona nit Juanma!!! Que historia!!!! Tu madre una gran luchadora!!! Estaría muy orgullosa de ti, rectifico esta orgullosa, porque te ve cada día por lo que luchas tu.

Sònia

Laura
mayo 06, 2013 at 09:05 AM

Llego de unas vacaciones en Italia y he enviado postales. Cuánta gente de cuantos sitios trató en ese tiempo desde esa “celda”? Las madres son únicas y es cierto que aprendemos tarde la lección, pero siempre se aprende. Muchos besos. Genial el detalle de los anuncios.

Inma
mayo 06, 2013 at 01:05 PM

Qué suerte haber tenido una madre así… ójala yo pudiera decir lo mismo de la mía.
¡¡¡Qué afortunados eres!!!

juanma
mayo 07, 2013 at 12:05 AM
– In reply to: Sonia

Jamás recibió dinero o una casa de mi padre. Un ejemplo.

Angeles CS
febrero 19, 2014 at 10:02 PM

Juana, Juanma, gracias por formar parte de mi vida.

MirindaNaranja
febrero 26, 2014 at 08:02 AM

He leído tu comentario en la noticia de La Vanguardia y he venido a leer el post sobre una tienda que recuerdo haber visto hace muuuchos años, en una visita al antiguo museo militar, que a mi me gustaba. Lo quitaron por ser un museo de guerra, pero las guerras son historia al fin y al cabo y quien la olvida está condenado a repetirla. La tienda también era historia, pero esa no importaría que se repitiera.
Me ha encantado tu recuerdo.

Patricia
marzo 14, 2014 at 12:03 PM

Es un texto precioso, Juanma! Ya admiro a tu madre a través de tus palabras sin haberla conocido. Pasará a mi pedestal de ejemplos para mis momentos débiles o de caída.
Un abrazo Juanma!

juanma
abril 13, 2014 at 07:04 AM
– In reply to: Patricia

Muchas gracias, de corazón. Es el motivo último que tiene compartirlo. Estaría orgullosa.

juanma
abril 13, 2014 at 07:04 AM
– In reply to: Angeles CS

Gracias a ti por decirlo.

juanma
abril 13, 2014 at 07:04 AM
– In reply to: MirindaNaranja

Prácticamente toda Barcelona conoció a Juanita, pero casi nadie lo recuerda. Era su destino.

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