Maldini, o el éxito de una pasión

¿Famoso? ¿yo? ¡Famoso debería ser un cirujano, que salva vidas! ¡Yo solamente hablo de fútbol!” Así habla Maldini, en “Hay Otro Camino”.

Todos los que le conocemos, aprendemos de Julio Maldonado “Maldini” cosas indispensables. No me refiero al fútbol. Valores. Decir que no merece ser conocido cuando es la persona viva más erudita sobre el fútbol internacional es una gran muestra de humildad que muchos deberíamos tener. Rechazar ofertas millonarias por asesorar a empresas que invertían en apuestas por no considerarlas éticas es un bofetón en la cara de los cientos de corruptos que expolian el mundo del deporte.

Vamos grabando a bordo del CX-3 hasta un barrio humilde, en los aledaños del estadio de Vallecas, y me habla del pequeño Julio que sintió una emoción indescriptible cuando su abuelo le llevó y descubrió su pasión de por vida. Me señala un balcón desde el que escuchaba en la radio de su abuelita emisiones en Onda Corta para conocer cada jugada y jugador de la liga inglesa, y las del mundo. Sigue siendo ese niño que colecciona revistas (ahora más de 150.000) y vídeos de partidos (otros tantos) pero se siente feliz y agradecido de poder vivir de ello. Una muestra más de humildad.

Nos colamos con las cámaras en su casa, dónde las parabólicas apuntan hacia satélites que le ofrecen partidos de ligas asiáticas, sudamericanas, africanas… Y los ve entre montañas de vídeos y revistas. Su pequeño bunker lleno de monitores lo graba, almacena y ordena todo, como en un estudio de televisión. Desde su mesa, orientada hacia los partidos, responde a otros apasionados del fútbol de todo el planeta.

Decidió tomar “otro camino” gracias a un billete de avión a nombre del gran Jorge Valdano, pero que le llevaría a vivir la misma sensación que tuvo cuando su abuelo le llevaba al estadio, pero esta vez con un micrófono en la mano. Se siente orgulloso de la mejor liga del mundo, se entristece ante la falta de deportividad y admira a los nuevos jugadores que le despiertan curiosidad, en las ligas menores de países lejanos. Eso es amor por el talento.

Con sus valores de honestidad, trabajo en equipo, humildad, pasión y dedicación, si todos fuéramos un poco Maldini, seguro que este país se arregla en dos días.

Aprendamos de él, y no solamente de fútbol.

Echa un vistazo al capítulo que le dedicamos en “Hay Otro Camino”.

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