Hallazgo

A la estrella que hasta hoy no pudo ser.

Hice un hallazgo. El tuyo. Brillas con la fuerza del diamante. Pero pocos te miran ahora.

Cuando deslumbrabas en la atalaya de tu vida, justo en esa cima en la que las gotas de lluvia que caen del cielo decidían hacia qué lado discurrir, una trampa se abrió al otro lado del mar.

La niña ilusionada jugó a vivir un sueño y las llamadas sin atender de ese otro Destino sonaron a silencio atronador en lo que para ti era importante desde pequeña.

Las miras se fueron haciendo cortas. Cada vez más. Ahora te conformas con poder pagar este mes los zapatitos de otra niña que también sueña.

Pero tú, princesa destronada, sigues siendo reina en esos pequeños espacios en los que dejas que tu ser fluya, y conquistas a golpe de arte en tu pequeño enorme mundo mágico.

Olvidaste no dejar de ser tú.

Y viste el paso de un cometa, un bólido que salió despedido de una colisión, el resto de un naufragio. Y te recordó que hubo una vez un cielo lleno de estrellas.

Ahora quieres recuperar lo que quedó en el camino, pero no puedes desandarlo para buscarte. No hay migas de pan en el suelo, ni tus propias huellas como rastro. Porque pertenecen a esa otra realidad que elegiste.

Dices que llega el momento de hacer crecer otra atalaya, quizá más sencilla, pero humeante como un volcán. Tus manos gastadas de atender hijos quieres ahora que envuelvan almas, tu corazón marchito quieres que te lleve a un lugar elevado desde el que poder sacar todo lo que llevas dentro. Pero esta vez no va a ser fácil. Nada fácil. Es tanto el trabajo y el tesón para quien, en aquella antigua realidad solamente tenía que subirse y deslumbrar… Sí. Yo también sé de lo que hablo.

Y quizá, solo quizá, ESA sea la lección.

Lo demás seguramente está escrito aunque nadie lo puede leer.

Yo, pequeño.

Observador.

Paciente.

Guía.

Mano cálida.

Apoyo y consuelo.

Maestro duro.

Alumno atento.

Compañero.

Solamente puedo asistir al espectáculo de tu vida y aplaudirte si te ganas el Universo de cosas hermosas que llevan tu nombre y que te espera desde hace mucho, mucho tiempo.

O llorar contigo si, irremediablemente, vuelves a la caverna en la que el diamante brilla solo para un día a día que derrama lágrimas en tus ojos.

También para mí quizá haya una enorme lección.

Pero la Historia, inexorable, marca la hora cada hora. Y aunque sabes que la adivino con la precisión de un reloj, nunca podré saber qué harás con el tiempo que contiene. A menos que el Orden de las cosas me permita vivirlo cerca.

Si alguna vez sentí amor puro, desprovisto de todo ego y necesidad, es en cada instante de escalofrío repentino al descubrir una chiquilla que se esconde para jugar. Gracias por esta colección de momentos inolvidables y repentinos que también a mí me han hecho despertar.

Eres inevitable. Brilla.

2 Comments

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Lali
Febrero 11 at 10:02 PM

Que bonito escribes y cuanta sensibilidad, emociona.

juanma
Febrero 12 at 12:02 PM

Gracias, Lali. Sabes que no es difícil para mí expresar lo que siento. Tiene poco mérito.

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