Hoy por hablar, hablo de Gemma.

Hablando por hablar hoy (por hoy), es un día para hacerlo de una compañera. Con todo lo que eso significa. Porque ser compañeros es estar ahí. A veces de cerca, a veces en la distancia. Y como los grandes planetas en los periplos de treinta años, a veces alineados y dándonos paso y en otras ocasiones con distancias astronómicas entre nosotros, pero orbitando y dando vueltas alrededor del mismo Sol que nos calentaba. Me cuentan que las fuerzas centrífugas han sido más fuertes y el planeta Nierga se salió de la órbita. Ya tocaba. Porque treinta años dando vueltas son muchos. Demasiados. Lo sé por experiencia. Llega un momento que pierdes la perspectiva y cuando sales y se te adapta la visión, te das cuenta de que hay un vasto Universo lleno de estrellas y ya poco tiempo para descubrirlas todas.

En la foto de mi móvil aparece de espaldas, junto a Alejandro Sanz. Me gustó verle junto al Grande asomados al cielo de Madrid. Un cielo en este caso con nubes, y nubarrones. ¿Por qué no decirlo?. Los tres nos hallábamos en la famosa terraza que ha visto a los más geniales inspirarse mirando a la ciudad.

Aquel 1987 atravesaba cada mañana el umbral de la primera y número uno, la EAJ-1 Radio Barcelona, una rubita muy lista que aterrizaba en una vieja redacción muy de madera, con sus máquinas de escribir, sus teletipos, sus magnetofones y correspondientes montañas de cajas verdes de cintas sin ordenar. Sus gestos eran como de siempre tener prisa, pero sin parecerlo. Prisa, siempre mucha. Antes incluso de que llegara el grupo. Lo primero que recuerdo es aquellos ojos claros, muy abiertos, muy expresivos, y con curiosidad por todo. Le interesaba todo lo que hacíamos “los de musicales”. Todo lo pregunta, todo le parece importante.

Si algo me intrigó siempre de Gemma es cómo logra tener esa capacidad de ir pensando mientras habla contigo. Porque cuando tú vas, ella vuelve. Ya ha sacado mil ramificaciones a lo que le has contado. Es multitarea, como los buenos ordenadores. Ambos tenemos en las cuerdas vocales un cierto talón de Aquiles. Y más de una vez hablarle de “relajación” era poco menos que no decir nada. A mí me puso siempre una alfombra roja llena de cariño. En antena me daba paso con tanta positividad que uno no podía por menos que darlo todo. Con el mismo cariño yo preparaba con la connivencia de su inseparable Carles Peña mi sección semanal, que normalmente era más larga de lo previsto.

Su paso por las madrugadas potenció todavía más su curiosidad, su empaque ante las formas de ser de cada uno, ante lo sorprendente de la propia vida de los oyentes. Jamás nadie podrá pagar que su debilidad no fuera el ego, sino la antena. Ese era su punto débil de verdad. La antena no podía fallar, porque ahí se derrumbaba todo. Si falla eso, falla todo. Y no le falta razón.

He tenido que hacer un esfuerzo para no poner los verbos en pasado. No estamos hablando de alguien que nos deja, sino de alguien que ahora deja su prácticamente primer trabajo, con todo el futuro por delante.

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