Es 19 de marzo.

Hoy todo el mundo recuerda que ser padre es un grado. Bien. También es una auténtica suerte. El verdadero premio de la vida.

Pero hay más. Ser padre separado es una de las misiones más difíciles que imagino. Seguiré escuchando “es que los hombres lo tenéis muy mal” y comprobarlo uno y otro día, pero una sonrisa y un beso de mi tesoro, ese sorprendente invento que hace con cuatro piezas, su mirada única, sus frases geniales… todo es un premio. Un pequeño gran triunfo sobre la vida.

Se sufre. Se lucha. Se preocupa uno por miles de cosas, pero dejar de ser Juanma para ser el papá de Alex es todo un grado. La licenciatura de la vida.

Hay una frase que reúne toda mi felicidad: “Siempre seré el papá de Alex”.

Y necesito poco más. Cada vez menos.

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